Comenzaba el sábado 9 con el partido
Italia 31 Escocia 29. En un Olímpico de Roma hasta los topes, la salida de los caledonios fue la esperada. Una avalancha, con balones rapidísimos desde las abiertas, muchos metros tas contacto, mucha descarga. En lo que tardó en ajustar la defensa italiana, ya se había comido dos posados, de Fagerson y Steyn, enjugados poco después en una patada rasa de Page-Relo que sonrió a Brex. El hara-kiri escocés de todos los años acababa de empezar. Afirma John Dutton, en una escena memorable de Yellowstone, que “tener hijas consiste en estar todo el tiempo evitando que alguien las joda, y tener hijos consiste en estar todo el tiempo evitando que se jodan a sí mismos”. A esto último debe parecerse mucho entrenar a Escocia, que acababa de comenzar su hara-kiri anual, con un pequeño paréntesis en un maul compactísimo que terminaba con Schoeman sobre la zona de marca local. Sería la última anotación del Cardo en los siguientes 40 minutos. La Azzurra, en cambio, recortaba antes del descanso con dos golpes pasados por Garbisi, que en su primera patada a palos del encuentro repitió la escena de Lille, aunque esta vez se quedó solo en suspense, y Page-Relo. Aviso de lo que estaba por venir (22-17 al descanso).
Al poco de reanudarse el juego, Louis Lynagh, hijo de Michael, en su día un Wallaby de pro, fabricaba su primer gran recuerdo en el Olímpico, y antes del ecuador del segundo acto Varney le ponía un Everest delante a los visitantes con la tercera marca italiana de la tarde. Italia así, dejaba sin opciones de título al Cardo, que empezaba dominante y después se desinflaba. Escocia, y su historia interminable; esa que convierte las cuatro victorias en una misma edición del Seis Naciones en entelequia, y que añadía desde este frío sábado de marzo un nuevo capítulo. Este, escrito en colaboración con una Italia, que en los últimos dos años ha pasado de mera comparsa, de un triunfo fijo en el casillero de los otros cinco participantes y de argumento contundente para aquellos que defienden la apertura del torneo, a equipo incómodo, osado, plenamente justificada su posición en el engranaje del rugby europeo de élite. La primera victoria azzurra en Roma en once años, que les reconcilia con un pasado yermo y restaña las heridas que pudo haberles dejado ese fatídico palo hace dos semanas en Lille.
ITALIA (16+15): Fischetti, Nicotera, Ferrari, N. Cannone, Ruzza, Negri, Lamaro, Vintcent, Page-Relo, Garbisi, Ioane, Menoncello, Brex, Lynagh y Capuozzo. También jugaron Lucchesi, Spagnolo, Zilocchi, Zambonin, L. Cannone, Varney, Marin y Mori.
Marcador: 3 ensayos, Brex (14'), Lynagh (43') y Varney (56'), 2 transformaciones Garbisi (15' y 58') y 4 golpes de castigo, Garbisi (1', 34' y 52') y Page-Relo (38').
ESCOCIA (22+7). Schoeman, Turner, Z. Fagerson, Gilchrist, Cummings, Christie, Darge, Dempsey, Horne, Russell, Van der Merwe, Redpath, Jones, Steyn y Kinghorn. También jugaron- Ashman, Hepburn, Millar-Mills, Skinner, Ritchie, M. Fagerson, Price y Rowe.
Marcador: 4 ensayos, Z. Fagerson (5'), Steyn (11'), Schoeman (27') y Skynner (76'), 3 transformaciones Russell (6', 12', 77') y 1 golpe de castigo Russell (24').
Árbitro: Angus Gardner (Australia).
Inglaterra 23 Irlanda 22. En un Twickenham a reventar, el Inglaterra - Irlanda, que bajo el paraguas del Seis Naciones configura el Millenium Trophy, ofrecía la posibilidad de coronarse a Irlanda en casa del rival. El trofeo, entroncando con esas rivalidades atávicas, independientes de los estados de forma, de cada cual, es un microcosmos particular en el que no convenía descartar ninguna posibilidad. Lo razonable, no solo con el último mes y medio en la mano, también con los últimos cuatro años, habría sido que Irlanda se impusiera y con autoridad. Que sumara su segunda corona seguida, dejando para el duelo final contra Escocia la opción de consumar otro pleno. Pero los de La Rosa no estaban por la labor, y su ardor derritió la fluidez a la que acostumbran los pupilos de Andy Farrell. Fue un duelo metalúrgico, que abría una patada a palos con la que Crowley estrenaba el marcador, replicada enseguida por el ensayo de Lawrence que pronto anulaba la ventaja irlandesa. A punto estuvo el centro de Bath de abrochar el doblete antes de llegar a la media hora, después de que el pie de Ford ensanchara la brecha y el de Crowley la volviera a dejar en dos puntos, pero el georgiano Amashukeli negaba el segundo posado por un adelantado previo. Cambiaba la dinámica a partir de esa acción. Despertaba una Irlanda, hasta entonces irreconocible, y Crowley, rentabilizaba dos faltas de disciplina inglesas al filo del descanso (8-12).
Parecía que el rodillo irlandés funcionaba cuando Lowe estrenaba la segunda mitad con una carrera imparable de las suyas, pero el Trébol encontró respuesta inmediata en una buena transsición inglesa rematada por Furbank, llegando al ecuador de la parte con Earl adelantando nuevamente a los locales aprovechando su superioridad numérica por una amarilla a O’Mahony. Sería un toma y daca hasta el final, con Lowe, de nuevo protagonista de los irlandeses ,en otra incursión por su flanco, y que echarían de menos la conversión fallada por Crowley. La última palabra la tendría Smith con el reloj ya a cero. En un drive en el que Inglaterra jugaba con ventaja, optaba por jugarse el drop, en carrera, y el oval penetró la H con una parábola casi plana. Enloqueció Twickers, como si de la consecución de un título se tratara, y enloqueció Marcus, el tipo que iba para talento generacional de este equipo y por ahora se ha quedado en suplente del suplente, y que quizá se cobraba alguna cuenta en ese “aquí estoy yo” de manual. Sea como fuera, esa iniciativa es la que permitirá a Inglaterra jugar en Francia el próximo sábado con un objetivo por el que luchar, aunque la tarea, ganar y que Irlanda no sume nada ante Escocia, sea casi una quimera.
¡No en Twickenham!, era la proclama de Inglaterra para aguar el intento irlandés de sumar un segundo Grand Slam seguido en el Seis Naciones, y a fe que lo consiguieron. Logro inédito precisamente desde que lo consiguiera la Rosa en 1991 y 1992.
INGLATERRA (8+15). Genge, George, Cole, Itoje, Martin, Chessum, Underhill, Earl, Mitchell, Ford, Freeman, Lawrence, Slade, Feyi-Waboso y Furbank. También jugaron Dan, Marler, Stuart, Cunningham-South, Dombrandt, Care, Smith y Daly.
Marcador: 3 ensayos, Lawrence (4'), Furbank (47') y Earl (59'), una transformación Smith (60'), un golpe de castigo Ford (17') y un drop Ford (80').
IRLANDA (12+10): Porter, Sheehan, Furlong, McCarthy, Beirne, O'Mahony, Van der Flier, Doris, Gibson-Park, Crowley, Lowe, Aki, Henshaw, Nash y Keenan. También jugaron Kelleher, Healy, Bealham, Henderson, Baird, Conan, Murray y Frawley.
Marcador: 2 ensayos, Lowe (44' y 72') y 4 golpes de castigo Crowley (2', 19', 35' y 40').
Árbitro: Nika Amashukeli (Georgia). Amarilla al irlandés O'Mahony en el 57'.
Para el domingo 25 quedaba por disputar el
Gales 24 Francia 45. En el Principality de Cardiff, los dos quinces sin aspiraciones de título, ni mucho menos, se fajaban por un botín que se reducía a una inyección de moral para dos equipos alicaídos. Quizá más Francia, por el hecho de que llegaba a esta edición como la gran potencia del torneo junto a Irlanda y su bagaje previo se reducía a un empate de milagro contra Italia, una pírrica victoria contra Escocia y una sonrojante derrota ante Irlanda. De Gales en en cambio, en plena transformación, no se espera por ahora mucho más, aunque el cero que luce su casillero de victorias a estas alturas, unido a la victoria italiana del sábado, les convierte en claros candidatos a un farolillo rojo que sería más traumático, pues no lo ocupan desde 2003. Conscientes de las miserias de esta Francia, en la que Galthié empieza a pegar bandazos ante su fracaso de apuesta por Lucu y Jalibert en la bisagra ante las ausencias de Dupont y Ntamack, salieron los Dragones con el cuchillo entre los dientes. El primer aguijonazo lo dio Dyer, a quien este torneo sitúa como un ala de presente y futuro para el Puerro. No tardaría en llegar la respuesta de uno de los señalados franceses, Fickou, que dejaba al Gallo por delante al descanso (17-20).
En la reanudación, el guion de salida se repetiría, con Roberts anotando el segundo ensayo galés de la tarde. Pero cumplida la hora de partido el testigo de la reserva se les encendía a los locales y Francia, más entera, se aprovechaba sin compasión para en cosa de 20 minutos, Colombe, Taofifenua y Lucu, que necesitaba reivindicarse, consumar tres marcas que dieron más lustre al triunfo francés del realmente ofrecido, y que condenan a Gales a jugarse la cuchara de madera con Italia en su duelo directo de la última jornada. Los de Warren Gatland lo tienen complicado, pues necesitan ganar a los transalpinos y que estos no sumen ningún bonus para evitarla.
GALES (17+7). Thomas, Dee, Assiratti, Rowlands, Beard, Jenkins, Reffell, Wainwright, Williams, Costelow, Dyer, Watkin, Roberts, Adams y Winnett. También jugaron E. Lloyd, Domachowski, Lewis, Mann, Martin, Davies, I. Lloyd y Grady.
Marcador: 3 ensayos, Dyer (8'), Williams (24) y Roberts (42'), 3 transformaciones, Costelow (9', 24' y 44') y un golpe de castigo Costelow (1').
FRANCIA (20+25). Baille, Marchand, Atonio, Flament, Meafou, Cros, Ollivon, Alldritt, Le Garrec, Ramos, Bielle-Biarrey, Depoortere, Fickou, Penaud y Barre. También jugaron Mauvaka, S. Taofifenua, Colombe, R. Taofifenua, Roumat, Boudehent, Lucu y Moefana.
Marcador: 5 ensayos Fickou (21'), Le Garrec (28'), Colombe (64'), R. Taofifenua (68') y Lucu (80'), 4 transformaciones Ramos (22', 29', 65' y 69') y 4 golpes de castigo, Ramos (6', 14', 60' y 73').
Árbitro: Luke Pearce (Inglaterra).
La última y definitiva jornada de esta edición acogerá todos los partidos el sábado 16, con los siguientes duelos, Gales & Italia, Irlanda & Escocia y Francia & Inglaterra, en ese orden de juego.



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